

El triunfo de Raúl Alfonsín, presidente de Unión Cívica Radical en las elecciones de 1983, tras ocho años de dictadura militar, contagió de optimismo a los argentinos que veían en este abogado bonaerense al adalid de los cambios y al estadista que conduciría a la nación por el camino de la democracia. Pronto las esperanzas del pueblo argentino se vieron truncadas por los múltiples obstáculos que se le presentaron a lo largo de su periodo de gobierno. El proceso judicial militar y posteriormente civil de los militares y policías represores, y en especial de la cúpula castrense, provocó el malestar entre las filas reaccionarias y la alegría y esperanza para la una gran mayoría del pueblo argentino. A pesar de algunas condenas significativas, el sentimiento generalizado de la población era que los verdugos no habían pagaron del todo por sus delitos. Todavía hoy día en Argentina se tiene la sensación de que los criminales causantes de miles de muertos y represaliados continúan impunes.